En su primera novela escrita en inglés, Agnello se despide de Sicilia, pero vuelve a abordar el problema del incesto.
LONDRES
La autora de La Mennulara completa ahora con Boca Sellada (Tusquets) su trilogía siciliana. Un relato de secretos, mentiras y rencores en familia. Nacida en Palermo, Agnello conserva de aquella tierra un acento sensual cuando habla inglés, a pesar de haber pasado la mayor parte de su vida en Londres. Con esa misma sensualidad y delicadeza sugiere las relaciones más escabrosas.
En su casa en el barrio londinense de Victoria, rodeada de fotos de hijos y de nietos, Simonetta Agnello Hornby (Palermo, 1945), una mujer vital y acogedora, acepta la escritura como un dulce tormento, un veneno lento que le está apartando poco a poco de su profesión de abogada y magistrada especializada en la protección de menores. La suerte parece echada. Estos días los dedica a terminar su primer relato londinense.
–¿Es Boca sellada una historia típicamente siciliana?
–No realmente. La Mennulara, y desde luego Boca sellada, podrían estar ambientadas en cualquier lugar. La tía marquesa no, porque es la historia de mi familia y de la unidad de Italia, algo que ocurrió en el siglo XIX. He escrito este libro porque quería terminar un tríptico de mujeres sicilianas a lo largo de 150 años, pero creo que es poco siciliano. No menciono a la mafia, ni hablo de ningún lugar reconocible, excepto Palermo. Es la historia de cualquier familia del Sur, con un padre padrone y unos hijos de hoy.
–En el libro, el protagonista quiere saber quién fue su madre, pero el descubrimiento es doloroso.
–El incesto es un tabú, el último tabú, y he procurado abordarlo desde el punto de vista del niño. Como abogada he representado a menores y he tenido muchas veces casos de incesto. Es algo que ocurre, que está increíblemente extendido, y es mejor saberlo. Es algo escondido, pero que está ahí.
–La novela está dedicada a alguien llamado Mister Peckham.
–Fue un cliente mío, que ya está muerto. No era hijo de un incesto, pero a los 15 años descubrió que quien decía ser su madre era su abuela y su supuesta hermana era su madre. Él me dijo que todo el mundo debe saber quién es su madre. En mi próximo libro hablo otra vez de esto. Es la historia de un hombre acusado de incesto y está basado en un caso que tuve. Está ambientado en Londres y lo estoy escribiendo en inglés, aunque yo misma lo voy a dictar al italiano.
–¿Se mueve fácilmente entre las dos culturas?
–He vivido en Londres durante 40 años. Me casé con un inglés cuando tenía 21, desde hace 10 tengo nacionalidad británica, mis hijos y mis nietos son británicos y mis experiencias son una mezcla de este mundo y de Sicilia.
–Pero a la hora de escribir, ¿no le resulta complicado manejarse en las dos lenguas?
–Hablar inglés todo el día supuso un problema tremendo para mi italiano en La tía marquesa. No había escrito nada en italiano en 40 años excepto mensajes de pésame y cartas a abogados y fue muy duro.
–¿Vuelve a Sicilia frecuentemente?
–Ahora, con los vuelos baratos y sin hijos pequeños que cuidar, voy cada dos meses. Mantengo el contacto. Es algo que necesito. Me siento en casa en los dos países, pero en cada sitio soy una persona diferente.
–¿Ha cambiado mucho la isla?
–Mucho, aunque no tanto, ni tan bien, como España. Ha habido una ruptura de casi todos los tabús y ha habido un crecimiento de la mafia, en parte por culpa de la política italiana. Si hubiera habido un Gobierno que hubiera querido combatir la mafia, lo podría haber hecho. Sicilia sufre además de una enorme pérdida de cerebros. Antes emigraban los pobres, pero ahora se marcha la gente culta, porque además de la mafia hay clientelismo y corrupción. Los hijos de mis amigos solo logran trabajo si tienen enchufes de la familia, o de tipo político.
–¿Por qué decidió escribir?
–Nunca quise ser una escritora. La Mennulara se me ocurrió en la hamburguesería de un aeropuerto. Mi vuelo se había retrasado, estaba aburrida y no tenía ningún libro que leer. La idea me vino de pronto y me puse a escribir.
–¿Y le resulta difícil?
–Me encanta, pero es un trabajo inseguro, todo lo contrario el que hago como abogada. Nunca sabes si tu libro va a gustar o no. En un momento dado me planteé dejar de escribir y me di un plazo de seis meses, pero volví. Creía que Boca sellada no se iba a vender y se ha vendido más que ningún otro. No sé por qué los lectores compran mis libros y qué piensan de ellos.
–¿Hasta que punto ha influido su experiencia como abogada en su estilo literario?
–La influencia se ve particularmente en La tía marquesa. Un amigo mío inglés, que es un abogado, me dijo que escribía como si estuviera levantando acta. Trato de no hacer juicios e intento que en el relato haya algún suspense. Un buen abogado sabe que debe mantener la atención del juez, porque los jueces no se leen todos los documentos. Lo sé bien porque fui juez durante siete años.